Sus consecuencias fueron la muerte de alrededor de un millón de personas (una octava parte de la población) y la masiva inmigración (se desplazaron un millón de personas aproximadamente) hacia Gran Bretaña, Australia, y sobre todo a Estados Unidos. Este movimiento pasó a llamarse la diáspora irlandesa e hizo que Éire se quedase si un cuarto de su población total.
En este sentido, la Gran Hambruna trazó una línea divisoria en la historia de Irlanda. Las tensiones sociales que se vivieron a raíz de la falta de alimentos, el desempleo y el continuo recorte de tierras de cultivo no tardaron en ser la base de los movimientos nacionalistas y antibritánicos.
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